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Mi experiencia en el extranjero como Fellow de Microcirugía y Cirugía de Mano

23/07/2015   Publicado por AMCPER . Colaboración de Dr. Miguel Alejandro Portes Castro

Kirchberg es un hospital general que cuenta con un servicio de mano ejemplar, modelo para todos los hospitales de Alemania, Bélgica y Francia. Cuenta con tecnología de punta en todas las ramas médicas y alberga al Instituto Europeo de Cirugía de la Mano, que a su vez cuenta con un laboratorio de microcirugía, con la biblioteca Jaques Michon (maestro y suegro de Michel Merle) y un anfiteatro con cadáveres congelados a libre disposición para realizar disecciones.

Realicé mi residencia en Cirugía Plástica y Reconstructiva en los servicios de salud del gobierno del D.F. con sede en el Hospital General Dr. Rubén Leñero. Desde hace muchos años y hasta ese entonces, dicho Hospital se había consagrado como uno de los centros de trauma más importantes de nuestra ciudad, teniendo como eje y estandarte de la atención a la mano traumática.
Sin lugar a dudas, desde que estaba en el primer año de la residencia, este campo de la Cirugía Plástica generó un gran interés en mí; así que tomé como compañero de guardias al libro “Mano Traumática”, obra del profesor francés Michel Merle. Este texto fue mi manual de supervivencia durante todas las noches llenas de interminables filas de pacientes con trauma severo de mano.

En una ocasión, cenando en casa de una amiga francesa, les contaba a todos los invitados las hazañas de las guardias y de cómo el mencionado libro, servía literalmente de recetario para elaborar un sinnúmero de procedimientos reconstructivos. Así surgió la extraña causalidad: Stephanie Derive -anfitriona de la reunión y subdirectora de la Universidad Panamericana (UP); fue alumna en la clase de anatomía del Profesor Michel Merle y nos contó de la impresionante capacidad profesional y de la calidad humana de este personaje.

De inmediato sugerí que fuera traído para el magno evento académico anual de la UP. Posteriormente se le contactó y él accedió a venir quedando yo como principal coordinador de las actividades del Maestro de la Cirugía de la Mano.
Estaba yo en el segundo año de la especialidad, cuando tuve el privilegio de conocer a Michel Merle y eso fue sin lugar a dudas un parte aguas en mi vida profesional.

Durante su primera visita a México, el Profesor Merle impartió diversas pláticas de cirugía de mano y del funcionamiento del Instituto del cual él era director. De inmediato solicité mi lugar como Fellow para realizar un Diplomado de alta especialidad en Microcirugía y Cirugía de Mano en el Hospital de Kirchberg Luxemburgo, en donde se encuentra el Instituto Europeo de Cirugía de la Mano del que el Profesor Michel Merle es director.

Transcurrió el tercer año de la residencia, y fue el tiempo necesario para completar todos los trámites solicitados por la comunidad europea para aplicar con VISA de trabajo provisional.

En el 2011 viajé a Luxemburgo, paraíso fiscal de Europa central y sede del Hospital de Kirchberg. La Ciudad de Luxemburgo es un ejemplo muy claro de cómo un lugar muy pequeño puede tener una grandeza descomunal en el ámbito económico y social.
La vida transcurre en un perfecto orden, la ciudad es limpia, organizada, sobria, y gracias a que es una de las pocas ciudades que no fueron destruídas durante la segunda guerra mundial, posee un valor histórico incomparable y abrumador. La belleza de la parte antigua de la ciudad -llamada Gründ-, es comparable a la de la ciudad Brujas (Bélgica) pero con un toque más reservado -y no tan popular.

Al llegar al hospital me recibió la asistente de la dirección, Valerie Douget, una amable dama que me acomodó en un estudio perfectamente acondicionado para ser habitado por los fellows y los residentes del hospital. Llegué un sábado por la tarde y durante ese fin de semana, me dediqué a conocer el entorno tanto hospitalario como el de los alrededores.

Kirchberg es un hospital general que cuenta con un servicio de mano ejemplar, modelo para todos los hospitales de Alemania, Bélgica y Francia. Cuenta con tecnología de punta en todas las ramas médicas y alberga al Instituto Europeo de Cirugía de la Mano, que a su vez cuenta con un laboratorio de microcirugía, con la biblioteca Jaques Michon (maestro y suegro de Michel Merle) y un anfiteatro con cadáveres congelados a libre disposición para realizar disecciones.

El lunes a las siete de la mañana comenzaron las jornadas y me presenté a los quirófanos para asistir en las cirugías del Profesor Merle. El área de quirófano cuenta con 10 salas de las cuales 4 ó 5, se destinan a cirugía de miembro superior con la siguiente dinámica: La sala debe estar lista al momento en que el cirujano entra, esto quiere decir que todo debe estar preparado para que él llegue a colocarse guantes y bata y a hacer la incisión en piel. El paciente está bloqueado o anestesiado (siempre que se realizaron procedimientos de plexo braquial, el paciente estaba bajo anestesia general); la mesa de mayo dispuesta perfectamente con el instrumental acomodado en el orden en que la cirugía lo requiriera; además todo el personal estaba atento a la orden del cirujano y daba comienzo el procedimiento (el primero fue una trapecectomía por rizartrosis).

Al terminar, el cirujano fellow se quedaba cerrando piel y colocando la férula, mientras que el cirujano se desplazaba a otra sala en perfectas condiciones para inicio de cirugía, igual que la anterior e igual a la que seguiría.
Todo era un perfecto ambiente de armonía gracias a una maquinaria aceitada con manuales de procedimientos para absolutamente todas las actividades dentro del área de quirófano. Nadie podía salir del protocolo ya que eso ocasionaba un efecto dominó que generaba complicaciones y lo peor: retraso. Recuerdo una ocasión en la que una enfermera alemana puso un set equivocado para una artroplastia de cuatro esquinas y tomó más de 5 minutos conseguir el otro set; el profesor furioso la miró y dijo en tono elevado “Protocol!”. Esa enfermera no volvió a laborar con él.

En un transcurso de diez horas, Michel Merle de 62 años de edad, operaba de 12 a 15 pacientes con un descanso de 20 minutos para tomar café y comer una pastelillo de abricot. La jornada era vertiginosa en todos sentidos, electrizante en las emociones y en el aprendizaje continuo, tanto académico como cultural y de vida. Nunca conocí a una persona con esa fuerza vital y ese don de liderazgo.

El Instituto constaba de 6 cirujanos de mano altamente entrenados quienes tenían un área de expertise particular para complementar el trabajo en equipo. El Dr. Camps era el experto en muñeca, el Dr. Lallemand experto en hombro y mano reumática, el Dr. Falcone en hombro y mano traumática, Dr. Durand en microcirugía, Profesor Borrellí cirujano de tórax y el Profesor Michel Merle maestro en plexo braquial y todas las demás áreas mencionadas.

Todos los cirujanos tenían el mismo ritmo de trabajo calcado de Michel Merle, quien a su vez, lo creo a partir de los módulos de atención de dos grandes maestros, sus maestros: Jaques Michón y Harry Buncke. Con ese ritmo, en los días de cirugía podían atenderse hasta 15 pacientes, y en los de consulta se veían hasta 40 de ellos en 4 cubículos de atención.

Los fines de semana se destinaban a las disecciones en cadáver, a la práctica microquirúrgica y al estudio en la asombrosa biblioteca Michón, llena de textos originales firmados por autores de todo el mundo. Tal es el caso de libro del Profesor Harry Buncke, firmado y dedicado a Michel Merle debajo de la frase: “…para aquellos que nos permiten pararnos sobre el hombro de un gigante…”
Transcurrió mi periodo con impecable desempeño, publicando tres capítulos del tercer volumen de Cirugía de Mano dedicado a los temas de mano degenerativa y síndromes compresivos, del cual tengo además el privilegio de ser coautor de la obra completa.
Asistí a cuatro congresos internacionales -entre ellos dos talleres con cirugía en directo-; conocí a personas de toda Europa, visité varios países con la bandera del Instituto Europeo de Cirugía de la Mano y conocí a un Profesor que marcó mi vida para ser mejor en todos los sentidos.

Siempre sonriente y siempre generoso, gracias al maestro Michel Merle por esta gran experiencia de vida. Es cierto que los viajes ilustran, pero si estos viajes tienen un propósito científico y se va al lugar adecuado, el resultado es extraordinario y muy enriquecedor.

Ahora, esa forma de trabajo permea no sólo en la cirugía de mano que realizo, sino en todas las áreas de la Cirugía plástica. El hacer las cosas bien y bajo protocolos no es exclusivo de un área, es una forma de trabajo que debe imperar en toda nuestra práctica.

Agradezco también a mi esposa e hijos que me acompañaron en esta increíble aventura.

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